La noticia sobre los resultados del programa de Huertas Familiares en Cuchilla Ramírez, interior profundo del departamento de Durazno, no solo mostró un repollo de envidiable tamaño, sino que cosechó una rica variedad de comentarios y reflexiones entre nuestros lectores.
La fotografía de la productora con su enorme repollo generó inmediata curiosidad. Lucía confesó: «Primero pensé que era una lombarda, pero cuando me puse los lentes y entré a leer me quedó claro. ¡Tremendo repollo verde que te quiero verde!». Alexander quiso saber más detalles, preguntando en qué zona específica de Cuchilla Ramírez se cultivan estos coles.
El trabajo del técnico Marcelo Irigoin recibió elogios unánimes. Marcos destacó que «Irigoin es más que un técnico agropecuario, se nota que ama lo que hace y se nota». Noelia aportó que «Irigoin es el técnico agropecuario que trabaja para el departamento de desarrollo», completando la información sobre este funcionario que tanto aporta al medio rural y suburbano.
La publicación despertó recuerdos entrañables en muchos. Hugo recordó con cariño: «En casa de mis padres siempre hubo huerta, yo recuerdo que salía a vender a la calle puerta por puerta… es lo más sano que hay». Alberto, desde la nostalgia, felicitó a Cuchilla Ramírez añorando «lindos pagos, cómo se extrañan».
Varios comentarios, publicados en Facebook y enviados también por privado, reflexionaron sobre el valor profundo de trabajar la tierra. Gabriel Alejandro propuso: «Si dedicaran más tiempo a la tierra cuántas cosechas disfrutaría la gente en general, menos lengua y más terapia para el alma, menos celular y más tiempo para uno mismo». Erico sumó: «Excelente, hay que fomentar mucho más los huertos familiares, se alimenta mucho más sano con pequeños sacrificios».
Aunque Deivig aportó una nota de realismo al mencionar que «las secas (sequías) acobardan porque las verduras se apestan», el balance general fue de enorme optimismo. Marcia celebró que «la gente como uno aproveche para su olla», contrastándolo con que «las multinacionales prefieren llenar de eucaliptos la tierra».
Incluso surgió una propuesta comercial en los comentarios, con Gabriel Alejandro compartiendo información sobre venta de «tierra abonada orgánica» a precios accesibles, demostrando cómo una noticia puede generar emprendimientos (ver en la publicación de Facebook).
El consenso entre los lectores fue claro: programas como este no solo llenan ollas, sino que alimentan el alma y tejen comunidad, mostrando el camino hacia una relación más sana con la tierra que pisamos.

