Cuando la edil colorada Hilda Ibarbudes planteó en la Junta Departamental la necesidad de regular el uso de patinetas eléctricas —estableciendo edad mínima, obligatoriedad del casco y prohibición de circular por veredas— seguramente no imaginó que su propuesta se convertiría en un termómetro de las frustraciones ciudadanas acumuladas en materia de tránsito.
La publicación de la noticia en la cuenta de Facebook de DURAZNO DIGITAL desató una catarata de reacciones. Muchas de ellas, lamentablemente, debieron ser dejadas de lado por su tono agresivo. Lo que permanece es un abanico de opiniones que refleja las distintas sensibilidades de los duraznenses frente a un tema que, para algunos, es una necesidad, y para otros, una distracción.
Los «bien, pero empecemos por casa»: la exigencia de coherencia
Un primer grupo de voces, numeroso y contundente, no cuestiona la necesidad de regular las patinetas, pero reclama que se aplique el mismo rigor con los problemas más evidentes del tránsito local. «¿Cómo van a hablar de monopatines si no pueden con las motos?», se preguntan, señalando la circulación de menores sin casco, las motos sin matrícula, sin luces, sin seguro y hasta haciendo «willi» por las calles. Para este sector, la propuesta resulta casi un despropósito si antes no se demuestra capacidad para hacer cumplir las normas ya existentes.
Los «todo es para recaudar»: la sospecha fiscal
Si bien el planteamiento lo hizo una edil, no un integrante del Ejecutivo, otra corriente de opinión, teñida de escepticismo, ve detrás de la propuesta una intención meramente recaudatoria. «Ya están viendo cómo sacar plata», ironizan, anticipando la creación de nuevos tributos, patentes o empadronamientos. Este grupo desconfía de cualquier iniciativa que implique registros o habilitaciones, y la interpreta como una nueva vuelta de tuerca del aparato gubernamental sobre el bolsillo de la gente.
Los «por fin alguien se ocupa»: el respaldo a la prevención
También hubo quienes recibieron la propuesta con alivio. Padres, peatones y conductores que han visto a niños pequeños maniobrar a alta velocidad entre los autos o por las veredas celebraron la iniciativa como una medida de sentido común. «Un peligro», «andan re rápido», «si los toca un auto no cuentan el cuento», son algunas de las expresiones que respaldan la necesidad de poner orden antes de que ocurra una desgracia.
Los «prioridades, señores»: la jerarquización de problemas
Un sector importante de la población, quizás el más amplio, pidió poner las cosas en perspectiva. Sin negar que las patinetas merezcan atención, enumeraron una larga lista de asuntos más urgentes: el caos del tránsito en general, la falta de control sobre las motos, los inspectores que sólo aparecen para multar estacionamiento en el centro y desaparecen del mapa el resto de la semana, los tambores que ensayan todo el año y obstaculizan esquinas durante veinte minutos. «¿No hay cosas más importantes?», es la pregunta que resume esta postura.
Los «ya van a inventar otro impuesto»: el humor como desahogo
Como siempre ocurre en estas conversaciones, el humor apareció para aliviar tensiones. Algunos imaginaron escenas absurdas: empadronar patinetas, exigirles libreta de propiedad, chaleco reflectivo y hasta título universitario. Otros se burlaron de la ‘obsesión recaudatoria’ con ocurrencias que, entre risas, dejaban entrever el hartazgo. «Después los votan y todavía», remataban, en referencia a la suerte electoral de los gobernantes.
Los «en otros lugares funciona»: la mirada comparada
Finalmente, un grupo más informado o con experiencia en otras realidades aportó datos sobre cómo se maneja el tema en otros países o incluso en Montevideo, donde existen ciclovías y normas más claras. Para ellos, el problema no es regular, sino hacerlo bien y proveer la infraestructura adecuada. «Si no hay por dónde circular, es lógico que vayan por cualquier lado», razonan, y reclaman que la regulación venga acompañada de espacios seguros.
Un debate que habla de algo más profundo
Lo que queda claro tras recorrer estas miradas es que, detrás de cada opinión sobre monopatines, asomaban reclamos más antiguos: la inseguridad vial, la falta de control, la desconfianza en las instituciones, la sensación de que siempre se empieza por lo que no es urgente.
—La noticia original
Patinetas eléctricas en Durazno: edil propone regular edad, circulación y uso de casco
En la sesión ordinaria del jueves 26 de febrero de la Junta Departamental de Durazno, la edil del Partido Colorado, Hilda Ibarbudes, llevó a sala un planteamiento vinculado a la creciente presencia de patinetas eléctricas y otros vehículos de movilidad personal en la vía pública, advirtiendo sobre los riesgos que -según sostuvo- ya se perciben en la convivencia urbana.
Durante su intervención, la curul planteó la necesidad de avanzar hacia una regulación departamental específica que ordene el uso de estos dispositivos, en particular ante el aumento de su circulación a velocidades elevadas y su utilización por parte de menores. A su juicio, esta situación configura un potencial peligro tanto para peatones como para los propios usuarios.
En ese marco, Ibarbudes propuso que la normativa contemple una edad mínima de uso -mencionó como referencia los 16 años- y que se definan con claridad los espacios habilitados para la circulación. La edil fue enfática en este punto: la movilidad de estos vehículos debería concentrarse en la calzada o en zonas ciclísticas, “nunca por veredas peatonales”, subrayó.
Asimismo, la representante colorada planteó que la futura regulación incluya la obligatoriedad del casco y de equipos de protección, como medida preventiva ante eventuales siniestros.
El planteo se inscribe, según se desprende de su exposición, en una preocupación más amplia por la seguridad vial y la adaptación de la normativa local a nuevas formas de movilidad que han ganado presencia en la ciudad.
Al cierre de su intervención, Ibarbudes solicitó que sus palabras sean remitidas a la Comisión de Tránsito de la Junta Departamental, así como a la dirección de Administración de la Intendencia de Durazno y al intendente departamental, con el objetivo de que el tema sea estudiado y eventualmente reglamentado.


